Y fue que después de tantas veces relatar una y otra vez la situación y su carácter anecdótico , recordé este viejo rincón donde hace unos años atrás intenté construir el minihogar blogger.
Entro y esta lleno de polvo y telas de arañas, así que antes de sentarme a escribir limpie un poco, le cambié algunos colores, lo acomodé, actualizando la impronta de una cuarenticincuentona queriendo volver a alguna vieja época donde la mano no estaba tan entumecida como ahora y escribía un poco mas libre.
Pero este post no es tanto un gran deseo literario sino un registro, un relato, como decía al principio...que repetí unas 15 veces durante los últimos días; no me cansa ni me agota repetirlo porque me resulta muy entretenido, gracioso por momentos, patético por otros. Ahora bien, a partir de este momento queda totalmente sellado en escritura para quien desee leerlo, releerlo o solo entrar y encontrarse con esta covacha.
Resultó en estos tiempos de pandemia. Damian había sido hisopado con resultado negativo y aislado durante 14 días, todos respetando el protocolo de distanciamiento , desinfectando una y otra vez las superficies de la casa; le había ganado la pulseada al bicharraco a pesar de estar en contacto archiestrecho con Kike, su compañero positivo. Supimos ..un poco mas....que esto iba a ser seguido, que tendríamos que cuidarnos muchísimo. Yo supe que la fuente y gran entrada del Covid a nuestro hogar, sería por el momento su trabajo, porque mis salidas solo eran cada 15 días , se acortaban los encuentros para repartos por la tarde y nos estaban por autorizar una sola llegada al campo con bolsones.
Pero esa época dejó placas en mi garganta, pensé que por los nervios me las había provocado orgánicamente...porque mate no compartía, ni salía de casa , ni alguien entraba mas que nosotres. Las dejé ahí, que rompieran un poco las pelotas, porque los médicos que me habían atendido me resultaron terriblemente insuficientes...."señora si en 72 hs sigue igual llámenos....señora, termínese la caja de antibióticos y después vemos" . Listo, no vemos nada, después hablo con Renata la doctora, si es necesario ( pensé en ese momento).
Y pasaron los días, seguimos resistiendo la situación agradecidxs de tener trabajo, de tener un techo, de poder admirar la naturaleza a la salida de casa. Brisa, mi hija mayor, con sus grandes novedades, compartir un tiempo que hizo bien a nuestra salud familiar, mudándose e independizándose tras una separación. En fin, nos habíamos olvidado un poco que el Covid podría estar cerca.
Entonces, ese sábado a la noche, sábado 5 de septiembre, tarde...muy tarde, Damian me dice:
- Una compañera de otra oficina dio positivo y yo estuve sentado 20 minutos a su lado arreglándole la máquina.
Yo le pregunto:
-¿ Estabas con barbijo? ¿Estaba con barbijo?
- Si, pero fue el día que empezó con síntomas y se fue del trabajo para hisoparse.
Bueno, pensé que tendrían que hisoparlo nuevamente. Que nuevamente estaríamos dos semanas aisladxs. Ese fin de semana fue de revuelo; su jefe y su compañero reflexionando acerca de todos los contagios descubiertos, la posibilidad de reorganizar el trabajo en guardias de a dos, trabajando remoto una semana si y una no, pero el lunes, hubo que ir a trabajar para luego esperar la decisión de la reunión del equipo de jerarquía.
Damian volvió el lunes con la noticia de trabajo remoto por una semana. Le pregunto:
- ¿Te hisoparon?
- No.
Nunca terminé de reclamarle , de plantearle que creía que hubiera estado buenísimo que les pida que lo hagan. Pensé como el, que si esa semana no tendría síntomas todo estaría bien.

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